UN FUTURO SIN PRIVILEGIOS.

Hoy de camino al trabajo, mientras conduzco escucho la radio. Al llegar aparco, y como he salido muy pronto de casa me quedo un rato enganchada a la radio. Me quedo escuchando temas económicos; claro, es inevitable. Hoy todo es economía. ¿Acaso antes no lo era?, me digo.

La credibilidad de la economía española vuelve a sufrir un buen golpe. La agencia de calificación Moody's puso en revisión la calificación de solvencia de la deuda española, todo esto es comentado por los tertulianos. También se comenta la respuesta de Elena Salgado, cabeza de la cartera de economía; ella está más o menos segura que a la vuelta de un corto plazo, la agencia tendrá que revisar su juicio, y adelanta en breve la publicación de los datos autonómicos para disipar cualquier duda. La autonomías a debate. La tertulia es rápida y ágil. Los tertulianos comentan la mala gestión del sector autonomías, pero también abordan la realidad que hoy se vive espectante por los recortes que se avecinan en el gasto social. Y ahí me he quedado escuchando atenta, pero que muy atenta. El meollo del reajuste de pensiones está en la picota; me parece increíble que algunas pensiones, por ridículas, puedan ser más recortadas... y escucho atenta.

El recorte de las pensiones es un tema que es causa beligerante para los sindicatos, que amenazan con huelga general. La misma agencia Moddy´s diagnostica que la gestión de su solvencia ha sido insuficiente. Los datos hablan; en la sociedad la proporción entre persona activa y persona jubilada es de 3 a 1. Y que en un futuro medianamente cercano, la proporción será inversa; por cada tres jubilados habrá tan sólo una persona en activo. Esto es una carga tremenda para la población activa. Eso quiere decir que, o se amplían los impuestos a la persona que trabaja, o disminuye el coste económico de la población jubilada. Comentan además que actualmente, económicamente es imposible que se les cargue con más impuestos a la población activa, pues ello llevaría necesariamente a una mayor recesión de la economía. Teniendo en cuenta como estamos, esto sería una especie de hecatombe.

La situación no es fácil, más bien lo contrario; muy complicada. Pero nos perdemos en gritos, exclamaciones y reclamando derechos que no sé muy bien cómo se pueden costear. Los números cantan. Los sindicatos también cantan. Y en medio de todo esto se hace evidente una realidad; la recesión demográfica. Es una evidencia total; la pirámide ha cambiado drásticamente. No es sostenible la misma capacidad en la pirámide de pobalción actual que la de la pirámide anterior, en la que la población joven era mayoría. La recesión demográfica, señores, también canta. Por mucho que a mi juicio las pensiones no puedan ser tocadas, que hay servicios sociales que son un derecho fundamentel (pensiones, educación y sanidad) y que no deberían ser recortados, lo cierto es que los numeros cantan. Y lo hacen rotunda y cruelmente. Si la economía no puede reactivarse, difícilmente vamos a poder costear servicios sociales fundamentales que hasta ahora sólo nos habían parecido un derecho. Pues bien, señores, ese derecho tiene otra cara; la obligación. La de todos. Y todos estamos llamados a apretarnos el cinturón. La reforma de las pensiones es una amenaza, actualmente se plantea un recorte, y todos nos lamentamos, por supuesto.Pero lo que nos jugamos es la ausencia definitiva de una jubilación decente para el futuro de los que hoy estamos siendo laboralmente activos si no podemos salir de ésta. Yo no soy economista, pero me impresionan todos estos datos y la tranquilidad con que todos hablan, dicen, y niegan la realidad esas personas que dicen tener vocación por las cosas de la polis. La politica, esa sabiduría definida como el arte de lo posible, a estas alturas lo  que me parece es el arte de lo lamentable.

Y luego he pensado que los jubilados actuales han tenido una vejez de lujo, y revisando el pasado, observo que su infancia no fue ni mucho menos como la mía. La mia fue privilegiada. Y pensé que la historia, el devenir de los acontecimientos, quizá tiendan a la paradoja. Quizá a mi me toque vivirlo al revés; y que mi jubilación no llegue a ser nunca como la de ellos. Pero amigos míos; cuando sales al mundo desde la comodidad de una infancia mimada, no será fácil adaptarse. Mucha perplejidad intuyo en el gesto de mi generación ya jubilada. Hoy, tan convencidos estamos de que el Estado nos solucionará todo, que ni tan siquiera nos entra en la cabeza que quizá algún día, la educación, la salud y tu propia jubilación, te la hayas tenido tú antes que pagar. Está claro que lo nuestro es exigir y no apechugar. Y que ni se nos ocurre analizar honestamente la que nos está cayendo. Y la realidad es  que de donde no hay, no se puede sacar. Nunca. Si la economía sigue en receso, no habrá gasto social. Y en esas estamos.

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