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RYSZARD KAPUSCINSKI: NO ABARCO EL MUNDO.


_ Usted dice que la civilización del siglo XXI será asiática. ¿No significa esto que Europa y sus valores están condenados a la destrucción?

_ Europa no es la palabra exacta, porque existe también el continente americano... Pero, en términos generales, esta civilización ha entrado en crisis porque así lo han hecho dos de sus estructuras más significativas: el Estado-nación y el Estado del bienestar. Todo lo que cabe en la noción de seguridad social en el sentido más amplio (la posibilidad de ascenso, las jubilaciones, la sanidad gratuita, el empleo fijo) está en franca retirada o, en el mejor de los casos, se reduce al reparto de subsidios.

La crisis del Estado de bienestar afecta básicamente a los paises de Europa Occidental. Lo peor es un índice de paro extraordinariamente elevado; el paro ya no depende de la coyuntura económica, al contrario, ha pasado a ser un elemento de la economía. Las estructuras económicas occidentales generan paro. Y no debemos olvidar que en esta cultura el paro está relacionado con la marginación, no significa solo perder el trabajo, sino no volver a conseguirlo nunca más, porque el progreso tecnológico es tan rápido que, transcurrido un tiempo, ya no habrá trabajo del nivel tecnológico de antes. Naturalmente, uno puede aprender un oficio nuevo, pero esto supone un coste elevado. Y puede resultar imposible por razones psicológicas o culturales. En estas sociedades ha parecido una nueva clase social; los que han perdido su razón de ser y no ven ningún futuro. Esta clase aumenta y, lo que es más peligroso, la mayoría son jóvenes.

La crisis del Estado-nación donde más se nota es en el deterioro de la clase política. El ejemplo más citado es Italia, pro lo mismo ocurre en España, Inglaterra o Alemania. Esta clase ha perdido su razón de ser; su función era el mantenimiento y la dinamización del Estado. En el momento en que el Estado pierde su sentido como consecuencia del nacimiento de estructuras nuevas, la clase política pierde el norte, carece de ideología, no aporta nada nuevo, no crea conceptos nuevos ni ideas políticas. A cambio se vuelve corrupta y la afluencia de savia nueva no se basa en la calidad de los candidatos, sino en miserables juegos políticos.

Párrafos pertenecientes al tercer capítulo del libro: 1994. TERCER ENCUENTRO. El mundo no será diferente, o los medios de comunicación, el alma y el dinero.



Leer a Ryszard Kapuscinski siempre es un buen motivo para hablar de periodismo y de la vida. Comprender e interpretar la razón de su mirada cuando observa el mundo es saber un poco más de nuestro mundo. Es acercarse a un mundo inabarcable que en su narración se hace más comprensible, más cercano, y más nuestro. Es sobretodo, reconocer a quien habita el mundo con una presencia exacta a la nuestra, pero en unas circunstancias totalmente aplastantes. Dejarse arrastrar por la palabra de Kapuscinski es ir hacia el Otro. Irremediablemente. Apasionante es su narración, tremendamente actual y arrollladora.

Cuando observas la vida te das cuenta de que los sentimientos básicos nos igualan, percibes que nos unifican las mismas necesidades, los mismos instintos; que somos parte de esa humanidad que habita  en cualquier parte de la tierra. Que el otro bien puedes ser tú... quizá mañana. Realista, coherente y de una actualidad candente, te arrastra hasta la última neurona. En ese relato habitamos, ese es nuestro mundo. No nos puede ser indiferente.

Kapuscinsky es capacidad de concisión en lo observado, de trasmisión en la palabra exacta, de saber hacer narrativo a través de una humanidad arrolladora. Humanidad en quien observa, pero también en quien es observado. Su pupila es inteligente para saber en qué personas se posa, en qué cosas. Kapuscinski es el relato periodístico que uno quisiera encontrar cuando compra un diario, cuando ávido de historias que habitan el mundo, uno abre las páginas de cualquier periódico para poder saber, para acercarse al mundo que es, no el que nos hemos inventado. Muestra una lucidez brillante al reflejarnos las paradojas que nos ofrece el mundo, las historias simples que tienen una existencia demasiado compleja, la vida compleja de lo sencillo, que nos toque de lleno o no, son parte de nuestro mundo, de lo que somos como especie. Nos habla de un mundo enlazado, nada es indiferente respecto del resto. A través de su palabra atravesamos la Rusia post-soviética, el destino de Polonia, la esperanza de África, la reconstrucción de Europa. En su palabra el mundo del tercer milenio es el nuestro, la realidad que necesitamos para que ese otro se nos acerque, para dejarlo entrar en nuestro pensamiento. Un Otro que no es más que mi mirada, el espejo de mis ojos. Y ese es el corazón de la cuestión; sin dejar lugar al Otro, nos estamos anulando a nosotros mismos.

Kapuscinski  habla también sobre el papel de los medios de comunicación, las complejas relaciones que mantiene con el poder, la capacidad que tienen de reinventar el mundo, de saturar con la información, de mostrar solo una parte, de no ser fieles a la realidad ante su desmedido afán por la primicia, el olvido de  la necesaria confrontación de los hechos, la no reflexión de lo visto, vivido, sentido... Va demasiado rápido el mundo, es cierto, para los medios, para nosostros mismos. Quizá esta sea una de las claves para entender que quizá los medios, están de nuevo en revisión, en reconstrucción. Que quizá más que la primicia, tenga relevancia el sentido. El conflicto de intereses es hoy el motor del mundo, se mueve según qué parcela importa más. También la información. Sin embargo es probable que  la cuestión a dilucidar sea qué es lo que hoy tiene necesario interés. La necesidad vista como el motor de la noticia y del mundo. La crisis como origen de un nuevo futuro. Pero sobretodo, Kapuscinski es el periodismo como certeza de que el Otro es el espejo en el que debo encontrarme. Quizá sea esa la semilla que haga del siglo XXI, un siglo menos deshumanizado.



EFECTO DOMINÓ.



La comunidad internacional se encuentra ante un momento tenso, ante una situación de posible cambio, quizá una transformación comparable al cambio ocurrido en 1989; el fin de la guerra fría. En 1989, dejaba de existir esa barrera física e internacional entre el Este y el Oeste.

Hace años, oí decir a un profesor, que el verdadero reto del siglo XXI sería la confrontación entre el mundo de Oriente y Occidente; que las consecuencias del colonialismo y protectorado que había existido en Oriente Medio y en el norte de África eran una asignatura pendiente de la comunidad internacional, y que algún día saldría a la palestra. El presente de esa asignatura es ahora.

Francia y Gran Bretaña a día de hoy consideran posible la intervención en Libia si la ONU y la Liga Árabe lo permiten. Las implicaciones y las consecuencias que ello supone han de ser tenidas en cuenta porque una intervención militar siempre tiene un coste humano considerable.

Siempre han de ser tenidos en cuenta los efectos que siguen a un cambio de fichas; el efecto dominó que supondrá mover la primera ficha que hoy es Libia.  Una intervención militar siempre tendrá consecuencias en las relaciones internacionales. No podemos negar lo evidente; cual efecto dominó, el cambio de una ficha, la intervención de determinadas coordenadas políticas van a influir en las distintas relaciones que los países tienen y tendrán.

El efecto dominó es una realidad que planea sobre la comunidad internacional, del que a priori sólo se sabe la causa que mueve la primera ficha. Luego ya no se sabe cuántas irán detrás, ni el efecto que tendrá sobre ellas. La comunidad internacional está ante un reto de considerables consecuencias. Una vez más salta a la palestra la legitimidad de una intervención; en qué condiciones la ingerencia de los países considerados democráticos y líderes mundiales sobre los países no demócratas es una acción legítima. ¿En qué condiciones se ha de encontrar un país para que pueda ser legítimamente intervenido por la comunidad internacional?, ¿y cuando se deciden las condiciones, se interviene en todos los conflictos en los que el sufrimiento humano por el recorte de derechos es una realidad?, ¿o sólo se realiza dicha intervención en aquellos países en que si no se interviene se pueden ver recortados nuestros cómodos derechos y necesidades occidentales? Yo no niego que la intervención sea necesaria, los derechos humanos están siendo claramente aplastados, pero no soy especialista en relaciones internacionales. Sólo pienso en por qué unos países son intervenidos, y otros, con igual o superior cota de deshumanización, caen en el olvido de la comunidad internacional, en el olvido de las organizaciones mundiales que han sido creadas expresamente para la tutela de los derechos humanos en el mundo.

La unión europea no tiene una posición clara; las posturas entre Francia y Gran Bretaña frente a Alemania e Italia están desencontradas. España parece que comienza a tomar posiciones claras, está a favor de la intervención, así lo declaraba la Ministra Carma Chacón hace un par de días. Alemania e Italia se muestran reticentes;  tienen un evidente respeto a las consecuencias de una intervención. Especialmente Italia, que teme una avalancha de refugiados. Francia, después de la gestión de la anterior Ministra de Exteriores, considerada pasiva y promovida por intereses personales y no políticos, como contrapeso a esa situación, quiere liderar la iniciativa, y junto a Gran Bretaña está a favor de la intervención. Países como China o Rusia, no declaran una posición clara ante los hechos ni ante sus consecuencias. La relaciones internacionales están ante un buen reto.

Francia presenta un plan global que aúne diferentes iniciativas; la salida de Gadafi, enviar una señal política clara al Consejo Nacional Libio _bien con el reconocimiento absoluto  o sólo como interlocutor válido pero sin legitimidad para representar al pueblo libio (este es uno de los puntos de discusión)_, observar y estudiar las opciones militares, tener en cuenta el estudio de soluciones humanitarias, la activación completa del embargo sobre armas, y un apoyo reforzado para la posible llegada de refugiados a Europa.

Si hay o no un apoyo de la Liga Árabe, eso es aún una incógnita, aunque lo que si queda claro es que no apoyarán una intervención militar. Además, a la intervención militar se le exige la existencia de  un valor añadido; la condición de que sea necesaria. Se necesita que se dé la realidad de un mandato jurídico claro, es decir, el apoyo de la ONU. Y un fuerte apoyo regional: el norte de África no puede ser intervenido así como así, la ONU necesitará del apoyo político de la Liga Arabe, de la Unión Africana, los Países del Golfo. Mover ficha no será tan fácil, y si se mueve, se habrá de tener en cuenta que como mínimo, las consecuencias nos van a sorprender.

Yo me pregunto, ¿cuándo y por qué se hace necesaria la intervención en los asuntos de otro país?, ¿por qué hoy la intervención sobre Gadafi y no ayer o mañana? La ingerencia internacional sobre un país concreto, ¿es una decisión que afecta a otros países de la comunidad internacional en los que los derechos humanos son aplastados o sólo sobre aquellos que tienen un claro interés "petrolífero" en las economías occidentales? (...)

La comunidad internacional está ante una coyuntura difícil. En las relaciones internacionales siempre empieza el movimiento con una ficha, a partir de ahí, se pondrán  en juego el resto de fichas. El efecto dominó, es una posible consecuencia; unas fichas caerán, otras quizá no, pero ya no tendrán la misma perespectiva. Cuando un país cambia, cambia el mundo; cuando un país cae, los demás tienen ante sí otra perspectiva, también otra capacidad de querer y poder actuar.  Cuando una ficha se mueve, todo el entramado y estructura de relaciones internacionales está en juego, y nunca se sabe bien, ni se puede calcular, las consecuencias exactas. Occidente y Oriente empiezan a mover ficha y el mundo entero permanece a la expectativa.

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