Mostrando entradas con la etiqueta responsabilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta responsabilidad. Mostrar todas las entradas

MIKI KRATSMAN
















El silencio se tocaba. La retina, aparentemente inmóvil, se movía agitada por un mundo desconocido. En aquella sala amplia, silenciosa, inhabitada; la realidad taladraba mi pensamiento, el valor de lo que soy, la verdad del mundo que me rodea. Lo que he visto hoy es la mirada del otro. El mundo que no vivo. Y junto a esa perpectiva, la verdad que se rompe, que me rompe; que convierte en mil pedazos la inocencia, la esperanza, toda posibilidad de sentido. Abandono. Desolación. Banalidad. Conflicto. Vida. Lo único universal en el mundo es la risa de un niño. ¿Salvación? El dolor se impone a pesar de todo lo grande que me rodea; dolor no ignorado que convierte cada segundo en un interrogante. El mundo que no vivo es hoy una daga. ¿Seremos capaces alguna vez de comprender lo que hemos hecho?



MUSAC : Miki Kratsman _Del 28 de enero al 3 de junio de 2012_.

Nacido en 1959 en Buenos Aires, emigró a Israel en 1971. Empezó su carrera como fotógrafo de prensa en el diario Hadashot, donde trabajó hasta 1994. Desde entonces, a partir de 1995, comenzó a realizar sus fotos en Twilight Zone, la serie semanal que dirije el legendario periodista israelí Gideon Levy sobre los territorios ocupados para el periódico Haaretz de Tel Aviv. Ha participado en numerosas muestras internacionales y nacionales, en Venecia, Seúl, Madrid, Tel Aviv o Vigo. Recientemente, en el proceso de la organización de esta muestra en el MUSAC, Kratsman recibió dos prestigiosos premios; el que otorga el Peabody Museum of Archeology and Ethnology de la Harvard University, y el que se considera como el más importante de Israel, el Premio Emet para la Ciencia, el Arte y la Cultura. Kratsman es Director del Departamento de Fotografía de la Bezalel Academy of Arts de Jerusalén y está representado por la Chelouche Gallery de Tel Aviv.


_____________________________________

Kumer _ ¿Soy un hombre tonto?_.
Guy _No_.
Kumer  _Entonces, ¿por qué he de vivir como un pobre toda mi vida?_.

** Diálogo de la película: El año que vivimos peligrosamente.
__________________________________________________________________________

EL MUNDO DE LA SEGURIDAD.


                             "Educados en el silencio, la tranquilidad, la austeridad,
de repente se nos arroja al mundo;
cien mil olas nos envuelven.
todo nos seduce, muchas cosas nos atraen,
otras muchas nos enojan, y de hora en hora
titubea un ligero sentimiento de inquietud;
sentimos y lo que sentimos
lo enjuaga la abigarrada confusión del mundo."
GOETHE


Comprender el pasado es la necesaria actitud que nos facilita la actuación en el presente, y le da posibilidad a la intuición de un futuro esperanzado. Quien no comprende el pasado, poco podrá hacer en el presente por un futuro honesto. O dicho de otro modo, los pueblos que no reflexionan sobre su pasado, estarán condenados a repetir de nuevo los mismos errores.

Esta idea me ha llevado de nuevo a la relectura de un libro que me gustó mucho. La narración de Stefan Zweig sobre el escenario que le tocó vivir, El mundo de ayer. El fondo se impone a la forma, y pienso que bien pudiera ser el mismo, aunque a priori no se le parezca.

Algo se rompe en nuestra sociedad de bienestar, de seguridades dadas por sabidas, de futuro consolidado. Pienso en las diferentes connotaciones de la vida que nos pasan desapercibidas por ignorancia, por olvido, por comodidad e incluso por educacíón,  a pesar de esa evidente intención que todos tenemos de querer mejorar el mundo que habitamos. En tiempos de crisis, cuando todo parece ir a  perderse, pudiera ser que también nos perdiéramos a nosotros mismos. Y si a esto unimos que es una generación que ha tenido mucho sin demasiado esfuerzo, el escenario que se conforma no es del todo alentador.

Pienso solidariamente en esa juventud _la hoy denominada generación quemada_ que sabiéndose preparada y en los inicios de su vida adulta, ve cercenada su posibilidad de futuro porque las riendas que ellos sujetan no están ancladas a algo tangible, real y/o posible. Estoy a su lado en sus reivindicaciones. Pero también me pregunto si tienen claro qué es lo que están empezando, cómo lo van a continuar y si tienen clara las armas que necesitan para conseguirlo. Me pregunto si realmente está preparada para asumir consecuencias, si el anclaje de su perspectiva se sustenta en valores concretos desde los que perfilar el mundo que quieren, y lo que es más importante, si tienen el valor de pagar el precio de ir a buscarlo. También me lo pregunto sobre mi misma, aunque yo ya no sea tan joven. Quisiera saber si conocen los entresijos que sostienen una sociedad justa y responsable; si son conscientes del verdadero concepto de libertad y el precio que se paga por ella. La libertad unida a todo derecho, pero también a todo deber. Libertad que en su primera cara siempre es responsabilidad. Y digo esto porque me ha llamado la atención oír reclamar la abolición de impuestos en el mismo escenario en el que se reclamaba el derecho a la ayuda social. Me llamó poderosamente la atención semejante paradoja, y quiero creer que simplemente es una anécdota sin importancia.

No cuestiono si están preparados o no para llevar a cabo  un trabajo; en absoluto lo dudo. Es una juventud que ha tenido los medios necesarios a su alcance para estar bien formada, para ser capaz de realizar cualquier actividad totalmente adulta.  Lo que me pregunto es si realmente son conscientes de las acciones y sus consecuencias, si saben qué esperan conseguir con ellas y sobretodo, si son capaces de intuir las consecuencias que puede conllevar. La juventud es valiente, pero lo es a veces en  la medida en que es inexperta. Todos hemos sido jóvenes e inexpertos. Todos lo hemos querido todo alguna vez, pero para ello hay que empezar por conseguir un poco. Mi temor es que la inexperiencia nos lleve de nuevo sobre la historia ya conocida. Es evidente que la pasividad no es solución, pero también sé por los ejemplos de la historia, que hacerlo sin profundizar como mínimo en la propia libertad y sus actos, en la responsabilidad, en actuar sin intentar intuir tan siquiera las posibles consecuencias de los hechos, pocas veces nos ha llevado a buen puerto personalmente. Tampoco en sociedad. La historia es el vivo recuerdo de que los pueblos no siempre han llegado a un puerto esperanzado, seguro y con posibilidad de futuro. Hay puertos en los que la Historia no debería haber anclado jamás.

En tiempo de crisis el miedo y la incertidumbre campan a sus anchas. Y se me antoja el prensente que vivimos como la circunstancia ideal para volver a leer a Stefan Zweig, para posar nuestro raciocinio sobre El mundo de ayer, en esa exacta historia que nos precede de la mano de alguien que la vivió intensamente. Saber de las consecuencias que el descontento a veces conlleva cuando no hay reflexión, solidez y responsabilidad en las acciones que se ejecutan. No sé si soy catastrofista o simplemente prudente. Sólo sé que cuando no tenemos ya nada que perder, lo siguiente que puede ocurrir, es que nos perdamos a nosotros mismos, y con ello, la esperanza de un futuro asumible para las generaciones que nos seguirán.

La crisis tiene un doble filo bajo mi mirada; el de la regeneración y el de la perdición. Saber qué camino es el cierto, o qué camino será el que distorsione nuestro destino es el meollo de mi propia libertad. Lo único que está claro es que actuar tiene un precio. Quizá por eso hoy observo el mundo desde mi silencio, lo dejo en esta ventana e intento intuir qué sería lo mejor para poder llegar al menor error posible. Luego será la libertad, la vida construída y el precio que por ello habremos ido a pagar.


"Ovillados en la seguridad, las posesiones y las comodidades, ¡cuán poco sabían que la vida también puede ser exceso y emoción, que puede sacar de quicio a cualquiera y hacerle sentirse eternamente sorprendido!, ¡cuán poco se imaginaban desde su liberalismo y optimismo conmovedores, que cada nuevo día que amanece ante la ventana puede hacer trizas nuestra vida! Ni siquiera en sus noches más negras podían soñar hasta que punto puede ser peligroso el hombre, pero tampoco cuánta fuerza tiene para vencer peligros y superar pruebas. (...)

Cada hora de nuestros años estaba unida al destino del mundo. Sufriendo y gozando, hemos vivido el tiempo y la historia mucho más allá de nuestra pequeña existencia, mientras que otros se limitaban a sí mismos. Por eso cada uno de nosotros, hasta el más insignificante de nuestra generación, sabe hoy en día mil veces más de las realidades de la vida que los más sabios de nuestros antepasados. Pero nada nos fue  regalado; hemos tenido que pagar por ello su precio total y real.”
STEFAN ZWEIG.


¿Sabremos ser responsables de nuestro destino?


... A VUELTAS CON LA CULPA DE INTERNET.




Antonio María Rouco Varela, que hoy  ha sido reelegido para la presidencia de la Conferencia Episcopal Española, advirtió a los jóvenes sobre la atracción de las redes sociales que propician una estilo de vida virtual y vacío de encuentros y relaciones verdaderamente personales. Asi es como analiza Rouco Varela esta herramienta de comunicación universal que es internet, en el discurso inaugural de la XCVII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal. Además, ha insistido en que los jóvenes no sólo están expuestos a la influencia desorientadora del relativismo y de una actitud guiada por la indiferencia hacia el bien, sino también por una coyuntura histórica caracterizada por una crisis económica, socio política, cultural y ética con pocos precedentes.

Con los debidos respetos, no puedo estar más en desacuerdo con estas palabras. La naturaleza del medio no es moral. La naturaleza de internet no es moral, internet no es en sí mismo ni bueno ni malo, es simple y pura tecnología; ofrede su estructura electrónica como medio de comunicación. Internet es una posibilidad para aportar y recibir información sin precedente en la historia de la comunicación, es en sí mismo un medio para el ejercicio de la libertad. Hoy nos podemos comunicar más y mejor. Si no lo hacemos, si nuestra comunicación pudiera ser puro maniqueísmo, simple demagogia o un atentado al honor y a la dignidad de las personas, el juicio de acción inmoral no le pertenece al medio, le pertenece al comunciador, a quien difunde elementos distorsionantes, falsarios y denigrantes. Es a quien es responsable de la información a quien pertenece el calificativo de amoral, y por amplitud, es susceptible de ser enjuiciado además de por la moral, por la ley, en los casos así prescritos por ella.

La moralidad pertenece al hombre, es el hombre el que realiza actos buenos o malos, es al ser humano a quien pertenece el juicio y la moral sobre sus acciones, no al medio con que las realiza. La naturaleza de internet es la que tiene cualquier medio de comunicación, es un simple medio, es la posibilidad, y es evidente que pudiera estar mal utilizado, sí, pero el juicio moral sobre esa mala acción  comunicadora le pertenece al hombre que esta detrás de los datos, nunca al medio. 

Y perdóneme usted si pienso, esto ya es muy personal, que esta parrafada con la que nos ha sorprendido, obedece a las pocas ganas que la Iglesia ha tenido desde siempre para avanzar al ritmo que lo hace la vida. Es como si ustedes sintieran que la libertad, inherente a la persona, a ustedes les molestase. Se me hace evidente que aquello que hace a las personas más libres, y por lógica más responsables, a ustedes les cuesta, y les cuesta siglos. Usted ha calificado a internet como un instrumento poderosísimo para informar y comunicar globalmente, y así es. Yo le animaría a que lo conociera un poco mejor. No es más que el reflejo de la misma vida, y aquí, también hay mucho de bueno, de muy bueno. Hay cosas muy buenas que por internet circulan todos los días. Pero siempre catalogamos internet por lo que dicen otros, no por lo que vemos. Eso lo he comprobado más de una vez en conversaciones con personas que hablan mal de intertet; simplemente no lo usan, y se hacen garantes de una opinión que no elaboran desde su experiencia.

Sobre el relativismo, tan instaurado en nuestra sociedad según su valoración, internet lo único que ha hecho es, si cabe, ponerlo más en evidencia. Yo no creo que los jóvenes estén expuestos a la influencia desorientadora del relativismo por culpa de internet, sino más bien por las escasa formación y las pocas ganas de las generaciones que los preceden de sentarse a educar. Y en vez de echar valones fuera, pregúntese qué parte es la que la Iglesia dejó de hacer para que las cosas estén como están.

Yo, personalmente no creo que exista una actitud generalizada por la indiferencia hacia el bien, no lo creo. La gente quiere el bien, se preocupa, e intenta que sea una realiad. Es cierto que hay jóvenes absolutamente desorientados, padres también muy desorientados, y es así, porque este mundo cambiante es muy complicado. Y no es fácil para las familias de hoy, llevar el ritmo que se nos exige, sin dejar ciertos huecos. Y no hablemos ya de los huecos que la Iglesia nos deja a los creyentes, es enorme la distancia entre lo que ustedes preconizan, el ejemplo que dan y nuestro día a día. Y le digo, es muy complicado, sí. Y hacemos lo que podemos. Y le garantizo que es muchísimo el esfuerzo de las familias por salir adelante, y por hacer las cosas, y hacerlas bien.

Es más que evidente que la coyuntura histórica actual se caracteriza por una crisis económica, socio-política, cultural y ética importante (pero no la única ni la primera que ha vivido el mundo, ni la última, la vida es lo que tiene, es cambiante, dinámica, cae y se vuelve a encauzar y seguirá avanzando), pero también le digo que esa actitud, donde se ve rotundamente afianzada es en quienes para absoluto bochorno de los de a pie, deberían dar ejemplo. Y no, no quiero echar balones fuera, tenemos mucho que recapìtular sobre las acciones propias como para estar echándole la culpa a internet. Hay mucho por hacer, porque el reto está ahí; lo que hagas hoy, será la estructura que sostenga el mundo de las futuras generaciones, de nuestros hijos, y de los hijos  de nuestros hijos. Quiero decirle que lo que hoy vivimos, está intimamente relacionado con el ayer de los que nos precedieron. Intentemos pues hacer las cosas bien, y avanzar con la vida. Con la propia. Y usted, Sr. Rouco Varela, como representante de la jerarquía de la Iglesia, a mi juicio, cada vez se aleja más de la realidad, de la vida de sus fieles, y del mundo al que se enfrentan.