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DE EDUCACIÓN, DEMOCRACIA Y PRIVILEGIOS.

Ryszard Kapuscinski, Como veo el mundo.
Texto publicado en la revista Letra Internacional, número 54.*






El mundo entero aspira a la democratización. La democracia se ha convertido en la solución del momento, el anhelo que todo lo domina, el modelo general. (...) Donde la democracia se ha convertido en hecho, en forma dominante del sistema político, pronto se hace visible una importante circunstancia; la conexión entre democracia y cultura. La democracia es tanto más frágil, insuficiente y superficial cuanto más bajo es el nivel cultural de la sociedad. Un alto nivel cultural de la sociedad es condición para una democracia fuerte. Por eso cuando alguien dice ser un defensor de la democracia, pero al mismo tiempo recorta los gastos en educación, ciencia y cultura, nos encontramos ante un absurdo que en lógica recibe el nombre de "contradictio in adiecto", una contradición en sí misma. Más aún, la ciencia y la cultura seguirán adquiriendo importancia, porque con el desarrollo general aumentará también la dependencia del hombre _y la calidad de su civilización_ de la técnica y por tanto también del estado de la ciencia y las posibilidades intelectuales de la sociedad. Los criterios conforme a los que dividimos hoy las sociedades en desarrolladas o subdesarrolladas ya no son las cantidades de acero producidas, sino el número de estudiantes y universidades.

*_ Fuente; Manuel Leguineche y Gervasio Sánchez (2001),  Los ojos de la guerra. PLAZA & JANÉS.

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No reflejo este texto para hablar de la admiración que tengo sobre la obra de este periodista polaco, admiración ya hecha explícita en otras entradas del blog. Si lo traigo a la palestra es por la inquina manifiesta que me produce todo este desatino actual de lo que hoy vivimos: el recorte de los recursos económicos del Estado para sostener una educación óptima _ y una cobertura sanitaria, que esta es otra batalla y no menos necesaria_.

Me parece un párrafo cuyo contenido le viene al tono de los tiempos que corren. Si lo que se busca es reforzar una sociedad, no recortemos la educación de sus ciudadanos. No inhabilitemos el derecho a tener la salud en buenas manos. Porque todos sabemos que si el Estado no es garante de esa realidad, si acceder a una buena educación, a la atención de la propia salud, reperctue en el bolsillo y lo hace de una manera considerable, pudiera ser que nuestra renta no nos lo pueda permitir. Entonces estaríamos hablando de otra cosa, no de lo que dicen querer construir. Si el esfuerzo personal de cada ciudadano para adquirir unos derechos básicos es más que considerable, o incluso imposible, ya no estamos hablando de un Estado de Bienestar, del tan deseado y mencionado Estado de Derecho. Estaríamos en una sociedad donde la salud y la educación volverían a ser un privilegio.

¿Por qué el gasto para la educación de la ciudadanía ha de ser austero cuando la austeridad brilla por su ausencia en muchos de los escenarios por los que los políticos se mueven? ¿Por qué ustedes no se obligan a esa austeridad a la que nos empujan? ¿Dónde está la transparencia de su gestión y la honestidad de los principios que les mueve a actuar para hacer de esta sociedad una sociedad más justa?

Sin la garantía de una educación y sanidad óptimas pasaríamos a estar en ese lado de la historia en el que vivir y sobrevivir será posible sólo para algunos. Porque hoy sin una educación y una sanidad garantizadas, el coste de un tratamiento contra el cáncer, la alimentación  de personas con enfermerdades raras, el diagnóstico de enfermedades desconocidas, el  tratamiento de enfermedades crónicas; la adquisición de la ciencia, el conocimiento, la creatividad, el arte y la innovación para el ciudadano de a pie serán un imposible. Sin la educación y sin el cuidado de la salud garantizados por el Estado del Bienestar, la posibilidad de ser feliz estará en el bolsillo de muy pocas personas. Volveríamos a esos tiempos en los que la sociedad se dividía en dos grupos; la clase privilegiada y la no privilegiada. Tiempos en que la educación era un derecho de muy pocos.

Cuando uno lee, traduce y extrapola los datos a la realidad es cuando se hace más evidente la incapacidad, desinterés, egoísmo y falacia de la clase política a la hora de encarar los problemas económicos a los que nos enfrentamos. Están siendo ustedes una decepción como gobierno y como oposición.

Y mientras intento que mi enfado no abarque más que el tiempo en que ahora escribo esto, me pregunto si todo esto que digo no será simple demagogia, si lo que mi palabra trasnmite es una simple manipulación obsoleta.

¿Es demagogia pensar que una sociedad ha de construirse en base a la solidaridad? Una solidaridad ciudadana que está dispuesta a ingresar una proporción de su riqueza para construir una red social que no deje sin amparo a quien no puede solventar su necesidad de educación, sanidad, etc. También pienso  que no es justo que una sociedad solidaria tenga que estar gobernada por políticos que saliendo de dicha  sociedad, pretendan destrozar los bienes sociales construídos tras años de esfuerzo.

Señores políticos; gobiernen con honestidad. Empiecen a asumir las premisas de su gobierno, si hemos de ser austeros, seamos austeros. Todos. Si un enfermo no puede tener una ambulancia porque no hay presupuesto, bien, lo llevará un vecino; pero entonces ustedes están obligados a prescindir de vehículo oficial. Si un enfermo ha de pagar su dieta mientras permanece hospitalizado, usted también la pagará mientras permanece en el Congreso. Si un ciudadano ha de cotizar a la Seguridad Social un número de años para poder jubilarse, ustedes también; el mismo número de años. Se podría enumerar una incoherencia _o privilegio_ detrás de otra, pero seguro que ni se sonrojarían, tan seguros están de merecer dichos privilegios. Hay demasiadas cosas que no se deben seguir permitiendo y que le procurarían un buen ahorro a las arcas de ese Estado, ese Estado que es garante de la salud y la educación de cada uno de sus ciudadanos.

Señorías la calificación de su buen gobierno depende de los actos que lo conforman. La acción de las personas _y de los gobiernos_ no es más que el espejo en el que observar los principios y valores que los mueven. El juicio sobre sus actos será lo que les defina como buenos gobernantes o simplemente como unos caraduras. Claro que como para ustedes no hay consecuencias, quizá el juicio sobre sus actos bien les importe nada. ¡Qué digo yo de valores, ni qué de principios y servicio a la sociedad! Si es que al final lo que ha fallado es siempre lo mismo: la decencia. Porque lo único claro es que hay que ser muy indecente para querer aprovecharse de los ignorantes, y claro, si los ignorantes aumentan, pues oye, mejor.

CONCEPTO Y COHERENCIA.




"El hombre del humanismo cristiano sabe que la vida política aspira a un bien común superior a una mera colección de bienes individuales; que la obra común debe tender a mejorar la vida humana misma, a hacer posible que todos vivan en la tierra como hombres libres y gocen de los frutos de la cultura y del espíritu... a comprender la igualdad esencial que hay entre los hombres y la manifieste en el respeto y en la fraternidad; y ve en la justicia la fuerza de conservación de la comunidad política y el requisito previo que hace posible que nazca la fraternidad cívica..." Jacques Maritain.


Cifuentes pide retirar la palabra cristiano de la ponencia social del Partido Popular.

Humanismo Cristiano.


La delegada del gobierno en Madrid considera que _es absolutamente improcedente proponer como base de una formación política la correspondencia a una convicción religiosa_. No quisiera ser desconsiderada con esta señora, pero parece ciertamente algo ignorante; no sólo desconoce al humanismo cristiano, sino que a buenas horas se da cuenta de que el partido al que representa no la representa a ella.

Quizá no ha leído jamás que el humanismo cristiano es una visión cultural o filosofía política, de inspiración cristiana sí, y que el fundamento principal se sustenta en dos conceptos; filosofía política y humanismo integral, que sobre ellos descansa en el orden filosófico. No comprende que el humanismo cristiano no obliga a cumplir ningún precepto cristiano, que una cosa es una convicción religiosa y otra una serie de principios filosóficos. Que los militantes del PP pueden cumplir o no los preceptos de la Iglesia, que perfectamente pueden identificarse como no cristianos pero sí afines a la proyección social que tienen esos valores cristianos.

El humanismo cristiano simplemente es una opción más de las varias que en España representan los diferentes partidos políticos, y si no nos resulta afín, pues es muy fácil Sra. Cifuentes; uno se dirige hacia la opción que más cercana está de la propia convicción del mundo, de la vida política, o de lo que cree fundamental para hacer de nuestra sociedad una sociedad más justa. Los ciudadanos nos movemos así, votamos a quien consideramos representa nuestras convicciones en una medida considerable. Por ello que usted represente a un partido que está fundamentado en principios que moralmente no le son propios me parece inconcebible. Como también me lo parece que quiera modificar las bases de dicho grupo porque a usted le parezcan incorrectas. Una opción política no es ninguna oblibación. El  humanismo cristiano que usted quiere cambiar por uno occidental (¿?) no obliga a seguir convicción religiosa alguna. Cuando hablamos de humanismo cristiano estamos hablando del desarrollo y proyección de unos valores concretos en la sociedad, de intentar que esta sea más justa para todos, sin importar las convicciones religiosas de las personas que la forman. No propone asumir convicción religiosa alguna a nadie, y mucho menos al Estado. Las convicciones religiosas quedan exclusivamente para la vida del ciudadano que es creyente. Yo desde luego entiendo que son cosas diferentes.

En España hay numerosas opciones políticas  muy diversas, honestas y coherentes a los principios que las originaron. Si usted no está de acuerdo con lo que hay nadie le obliga a permanecer. No modifique aquello que mereció la confianza del ciudadano porquue a usted ya no le sea afín. No modifique al grupo en base a su personal concepción de la política, porque si usted es representante del gobierno en Madrid, es representante de ese partido político al que los ciudadanos votaron. Si no encuentra en ese partido que hoy representa el perfil de sus convicciones no lo represente, porque el voto libre no la ha elegido a usted, ha elegido a su partido. Entiendo que es complicado aceptar todos los principios que propone una opción política, a muchos nos ocurre eso, que no nos identificamos del todo, y por ello no representamos a ningún partido. Podemos ser más afines o no, pero no lo representamos y no vivimos de representarlo. Nos dedicamos a otra cosa.

El humanismo cristiano es una opción. Hay más opciones en el abanico político igual de honestas y sensatas. Busque la suya. Simplemente es empezar a conocerse y descubrir hacia dónde tenemos que ir para no quebrar la coherencia entre nuestro pensamiento y nuestras acciones. Hemos de ser creíbles, más si representamos a alguien o a algo. Y por favor señora, no me haga entender que el humanismo cristiano le obliga a usted a práctica religiosa alguna. Estamos hablando de la proyección social de unos valores concretos, no de que usted esté obligada a ir a misa todos los domingos. No me niegue la proyección social que los valores tienen, esa posibilidad que son para hacer de esta sociedad una sociedad mejor. Claro que para conseguirlo necesitaríamos de la coherencia, de la cohesión entre los hechos y las ideas. No, Sra. Cifuentes, los valores que asume cada persona no se viven sólo en casa; son algo que precisamente porque nos conforma, está abocado a ser proyectado socialmente, a no quedarse en los límites da la intimidad. Las personas somos sociales por naturaleza. Asumir unos valores nos obliga a actuar conforme a eso que pensamos, y los actos de cada uno siempre tendrán una proyección social. Lo que yo soy no se queda en casa, sale y se proyecta necesariamente en la comunidad en la que vivo, repercute en la sociedad en la que me encuentro porque en cierto sentido la modifica, la transforma. No hay otra. Los valores que asumen las  personas siempre tendrán una repercusión social. La persona transmite a los demás y recibe de los demás. No somos islas, afortunadamente.

El humanismo cristiano no le obliga a usted a ir a misa los domingos, pero sí le obliga a hacer realidad la solidaridad, la construcción de una sociedad más justa, claro que esto no se consigue si seguimos recortando en sanidad y en educación mientras los sueldos de ustedes y sus privilegios se llevan el dinero de todos. ¿Es quizá esta incoherencia lo que a usted le hace entender que el humanismo cristiano sobra? Si lo elimina de su visión política, su acción política sería más coherente, eso es verdad. Estaría menos obligada a luchar por una sociedad equilibrada.

Quizá lo que más cueste en política sea la conquista del bien común por encima de la riqueza personal, ¿verdad?  Si eliminamos el concepto, eliminamos también la obligación. A estas alturas la idea de lo que significa la política para la clase política es sobremanera lamentable; el puro y propio beneficio personal. Es difícil pensar otra cosa viendo lo que vemos, oyendo lo que oímos.

O, ¿pudiera ser que sólo busque ese cambio, ahora que está en el poder, porque necesita usted sentirse más moderna? Hoy ser cristiano no es lo más "in", en eso estaríamos de acuerdo. Si es así, siento decirle que su afán de mejora, así tan inocentemente presentado, le ha llevado a confundir convicciones personales con fundamentos filosóficos, y a denotar cierta ignorancia sobre el contenido de las palabras. No se puede cambiar el término "cristiano" por el de "occidental" ante la idea de que pueda resultar más "in". No se trata de una cuestión de marketing. Las palabras si sirven para algo es para definir conceptos. Y si cambia la palabra, cambia el concepto, y con ellos la realidad que se define. Cambiando la definición del partido estamos modificando el propio partido.

Estar en política no es estar para acceder al poder y hacer de tu capa un sayo, sino representar unos principios que creemos necesarios, válidos y honestos para la construcción de una sociedad buena. También es entender que esos principios por los que nos han votado, son inamovibles una vez adquirido el poder desde su representación.  Usted está moral y socialmente obligada a representar a unos ciudadanos que se identificaron con las ideas del partido que usted abandera. No puede usted modificar los fundamentos de una opción política. Cambiar los principios de un partido político es engañar a quienes identificándose con ellos, nos dieron su voto. Es olvidar aquello que dijimos  representar, conceptos, ideas y programa, aquello por lo que nos votaron, y subirse a otro carro que no representa al voto que nos confiaron. Esto sería lamentable.

A menudo pienso que la clase política carece de consistencia, de contenido. Está especialmente capacitada para el olvido de conceptos, principios y proyectos. Es huidiza de la coherencia y la  honestidad. La clase política que nos representa está muy predispuesta a no representar lo que dijeron. Donde dije digo, digo Diego. Esta propuesta que usted ha desvelado es una de esas ocasiones en que así siento; y lo considero una especial tomadura de pelo. ¡Qué poderosa traición es el poder! , me digo.

REPORTAJE GRÁFICO.



Diputado o Diputada es la persona integrante de una Cámara de Diputados, Asamblea Nacional, Asamblea Legislativa o Cámara de Representantes y, en general, de un Parlamento. En los países bicamerales, habitualmente integran la cámara baja, mientras que la cámara alta está integrada por los Senadores
.
Según la Constitución de 1978 el pueblo español está representado por el Congreso de los Diputados y el Senado. Las dos cámaras forman las Cortes Generales. Las Cortes Generales ejercen el poder legislativo del estado, aprueban los presupuestos, controlan al poder ejecutivo y ejercen el resto de competencias que les atribuye la Constitución. Antes de 1977 al diputado se le denominaba Procurador en Cortes, y al senador, Consejero.

Tienen todos los derechos reconocidos en la Constitución, Reglamento del Congreso y del Senado entre los que  destacan:
  • Libertad de expresión.
  • Libertad de voto personal e indelegable.
  • Derecho a preguntar e interpelar al gobierno.
  • Derecho a solicitar sesiones extraordinarias.
  • Derecho de enmienda.
  • Derecho a solicitar la reforma de una ley o constitución.
  • Derechos a interponer recurso inconstitucionalidad contra una ley.
  • No estar obligado por manda imperativo.
  • Deber de aceptar la autoridad del presidente.
  • Deber de asistencia a las sesiones...


Los diputados tienen la responsabilidad de ser los representantes del pueblo.

DE MAL HUMOR.


No puedo entender cómo se puede tener tanta desfachatez; soltar así como así lo que suelta y quedarse tan tranquilo. Sin más, para este señor, las encuestas no saben, tienen el valor que tienen, (¿?) pero curiosamente dice, el mundo sí sabe. ¿A quién cree usted que preguntan las encuestas, Sr Alonso?, ¿quién cree usted que está detrás de esas respuestas de los cuestionarios, de los tanteos? Eso es, sí, los ciudadanos, sí, ese mundo que usted dice que es el que sabe. Esto no lo dude, Sr Alonso, el ciudadano sabe y es capaz de discernir quién ha estado y quién no, quién ha montado escenarios y sólo ha hecho ruido, quién se ha quedado callado y sin decir nada como si la cosa no fuera con ellos, quién ha permanecido al mando del timón y las consecuencias que por ello nos han sido dadas. El ciudadano observa, no lo dude, y sabe. Sabe de la oposición y sabe del gobierno; y son ustedes una pandilla de irresponsables.

Esta mañana he estado escuchando esta entrevista, y estoy de mal humor. Mal humor por tener que oír lo que oigo, como si no me enterara, como si los ciudadanos fuéramos microcéfalos y no sintiéramos la realidad. Y ya lo creo que la sentimos, y cerca, muy cerca de nosotros. Me ha llamado soberanamente el tono distendido con el que comienza la entrevista, como si quien estuviera detrás de los micrófonos fuera un compositor, un cineasta o un escritor. Lo siento totalmente equivocado por la que nos está cayendo, por el clima de preocupación que se vive. Una vez oído el contenido y el tono general con el que transcurre la entrevista, me he quedado de mal humor. Su contenido es soso e intranscendente; maniqueo y sin contenidos serios ante una realidad acuciante llena de incertidumbre, miedo y necesitada de soluciones. Necesitamos concreción, autoridad, criterios y perspectiva señores políticos; y no toda esa pantomima que son incapaces de evitar, bien por su falta de soluciones, bien por su ignorancia, o bien porque a ustedes el ciudadano les importa bien poco y no están por la labor de ponerse a trabajar. A día de hoy, si la economía no va, creo que todos somos conscientes que va a ser imposible aumentar el gasto social. Si no se crea no hay. Y si no hay, no se puede gastar. Creo que no es cuestión ya de derechas o izquierdas; si no de una realidad palpitante y de unas leyes económicas y demográficas que son las que son. No haga demagogia barata, por favor.

Señores socialistas; olvídense de la derecha. Son ustedes quienes ahora están en el gobierno, ustedes obstentan el poder que la derecha desea, lo tienen ustedes. Y el poder una vez adquirido, se transforma en obligación de gobernar. Trabajen. Es a ustedes a quienes corresponde hacerlo, son quienes pueden, quienes han sido votados para ello ¿no? No nos demuestren un triunfo sin contenido. Hagan realidad lo que dicen poder hacer, están ustedes en el gobierno, o aún... ¿no lo saben?. No especulen. Han sido ustedes los elegidos por el pueblo, son ustedes quienes deben llevar esta realidad a un puerto posible y honesto. Gánense de nuevo el voto. No nos vendan irrealidad, sino más bien lo contrario, generen fututo. Un futuro honesto y en la medida de lo posible equilibrado. Y por favor, no pisen el principio de igualdad; es un valor fundamental en nuestra sociedad.

No nos hagan creer que un diputado, una vez terminados sus servicios, no puede quedar sin recursos económicos después de haber entregado su esfuerzo a la causa común. Cualquier trabajador que se precie también hace lo mismo, entrega sus mejores años en el ejercicio de un trabajo que también es un servicio para la sociedad, tan necesario como el de cualquier diputado, y tampoco, Sr Alonso, se le puede dejar tirado; también ha renunciado a muchas cosas, ha realizado un trabajo muchas veces mucho más duro qu el de ustedes, y también puede quedar ante situaciones de necesidad lamentables. Lo siento, se creen ustedes la esencia del pueblo, y no, bien sabido es que no lo son. La esencia del pueblo es el ciudadano. Y la realidad es muy otra a la que dicen haber vivido; ustedes no han dejado nada, ustedes, la mayoría de los políticos no tenían nada antes de su labor política que hayan dejado por el bien público. Pienso que es más bien al revés; que han visto en la labor política la posibilidad de medrar. Y lo han hecho a base de bien. El patrimonio actual que la mayoría de ustedes ahora sustenta es muchísimo más abultado que el habido anteriormente; esto es una realidad que la mayoría de las veces se confirma. Y no, tiene usted razón, no se puede dejar tirado a nadie en la calle, a nadie que ha estado muchos años trabajando y que se queda en situación de necesidad. No señor. Y bien se podría comprobar que ustedes no quedan nunca en la calle. Sr Alonso, no es necesario ser parlamentario para ser subsidiario de ayuda, de ser así, estaríamos ante un privilegio respecto del resto de ciudadanos. No hablaríamos ya de un derecho.  Lo dicho, ¿qué parlamentario ha quedado alguna vez en la calle? Ustedes se forran, no lo niegue. Pienso que tienen todos ustedes más cara que espalda. Eso los ciudadanos, a estas alturas, ya no lo dudan. Y por favor, no de un valor mínimo a las encuestas, detrás de esas encuestas estamos nosotros, estoy yo.

Y para terminar, yo le preguntaría abiertamente Sr Alonso: ¿qué es lo que dejó usted, qué es ese tanto que perdió, cuando decidió dedicarse a la labor altruísta de velar por los intereses de un pueblo? ¿Qué dejó usted entonces y qué tiene ahora? ¿Ha salido perdiendo? ¿Es inferior su presupuesto económico y patrimonio actual respecto al que tendría de haber seguido en su labor como magistrado de la Audiencia Nacional? ¿Qué labor esencial que haya usted realizado le convierte en sujeto de derecho a una pensión privilegiada respecto al resto de ciudadanos? Sr Alonso, si usted y la mayoría han salido ganando. Y no puedo aún creer que se pueda tener la desfachatez que demuestra por decir lo que dice a estas alturas; usted es pura demagogia. Y no creo que tenga autoridad, su discurso es pobre, manipulador e ignorante. Y esta entrevista es una auténtica decepción; en contenido y contraste. La realidad ha de ser contrastada, analizada y explicada verazmente, y no con demagogia y palabrerío que no nos llevan a ninguna parte. Sólo a la tergiversación y a la deformación de la realidad. Con la que está cayendo...



** Jose Antonio Alonso Suárez. (28/03/1960 León, España)
Curriculum Vitae.
Leonés del barrio de El Crucero, es amigo de la infancia de José Luis Rodríguez Zapatero, con quien compartió estudios básicos y superiores, estudió la carrera de Derecho en la Universidad de León, y se convirtió en juez en 1985, a la temprana edad de 25 años. En 1989, Alonso fue nombrado juez penal en Madrid, y poco después, magistrado de la Audiencia Nacional. Entre 1994 y 1998, fue el portavoz de Jueces para la Democracia, y tiene fama de ser uno de los más progresistas. Antes de las últimas elecciones generales de 2004, Zapatero, por entonces líder del PSOE en la oposición, le instó a optar a un escaño en el Congreso, que finalmente ganó encabezando la lista del PSOE por su provincia natal. Alonso pasó a tener un escaño y ser nombrado Ministro del Interior. Casado y con un hijo, en abril de 1996 la dimisión de José Bono como ministro de Defensa conllevó su nombramiento, y dejó la cartera de Interior a Alfredo Pérez Rubalcaba. Ejerció como titular de Defensa hasta abril de 2008, cuando fue nombrado portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, cargo que desempeña en la actualidad.

LA FORMACIÓN Y LA EXPERIENCIA.



Mentiría si digo que no me importa. Mentiría si dijese que me es indiferente la formación académica que tienen las personas bajo cuya tutela están decisiones importantes para nuestra sociedad; decisiones que van a influir considerablemente en los derechos que como cuidadano tengo. También en mis obligaciones como tal. Me importa y mucho. Lo cierto es que es un asunto que saca mi peor reacción cuando observo las manos en cuyo gobierno y dirección han ido a depositarse algunas carteras ministeriales; literalmente me pongo enferma, porque soy incapaz de separar las decisiones que ellos toman como gestores de las convicciones y conceptos que las sustentan, de su capacidad y formación como profesionales. Como personas no tengo ni tendré jamás la intención de juzgarlas. Pero como políticos dejan mucho que desear.

Pienso en Leire Pajín, en Pepe Blanco o en Isabel López Chamosa y la verdad es que no puedo evitar afirmar que somos un país de inútiles. No digo que se necesite ser universitario para ser buena persona, porque no es cierto. He conocido demasiados borregos licenciados a estas alturas de mi vida. Pero en lo que sí me reafirmo es en que la formación, la cultura, el conocimiento, y el estudio siempre nos van a dar una perspectiva amplia y generosa a la hora de diagnosticar problemas y conflictos sociopolíticos, que nos van a hacer más capaces de encontrar soluciones sensatas y honestas a los problemas que somos capaces de detectar. Sin formación y sin experiencia, para mí es más que evidente, somos menos capaces. Para todo.

La capacidad de introspección, de aprehender conceptos y conflictos, la capacidad para la inducción, para la deducción, no son innatas. Necesitan de un hábito, de un esfuerzo, de un aprendizaje. Para determinar y valorar la realidad, para poder estructurar un problema concreto, se necesitan conceptos, lógica, capacidad de interpretación, amplitud de miras y experiencia. Personalmente creo que todas esas capacidades necesitan de un rodaje; creo que la administración de un país, las decisiones que van a influir en su economía y en el mantenimiento de un Estado de Derecho necesitan cabezas bien formadas y rodadas; personas apasionadas por la polis, por todo lo que a ella le atañe. Necesitan de la Filosofía, de la Economía, del estudio de las Leyes Políticas del Estado. Es necesario que el importante bagaje cultural que nos han dejado nuestros predecesores en este ámbito sea cuanto menos conocido y estudiado; asimilado. Considero la pasión por la Historia, por la Leyes Políticas del Estado, por la Filosofía y por la Economía uno de los fundamentos y principios para querer dedicarse a los asuntos de la polis con una mirada honesta; esa que se interesa esencialmente por la consecución de un Estado de Derecho palpable, del que todo ciudadano siempre se beneficia. Todos. Pero creo que se ha confundido ese interés honesto por los designios y problemas de un país con una estupenda oportunidad para quedarse bien colocado de cuatro patadas. Cuatro patadas mal dadas que a la ciudadanía nos cuentan lo suyo, porque pagarlo, lo pagamos pero bien.

Pensemos en Sanidad. Si no has conocido jamás los entresijos del entramado sanitario, farmacéutico, o de la economía de la salud, ¿cómo vas a poder diagnosticar los problemas que afectan a dicha estructura y no dejar que cualquier problemilla te despiste? La falta de preparación de algunos políticos y gestores sociales es una realidad. Os animo a pasaros por el blog Unidad y Libertad y podréis entender que pensar en Leire Pajín me desestabiliza. Es cierto. Pero no es la única que lo consigue. Isabel Díaz Chamosa, una de las cabezas pensantes del Pacto de Toledo, tiene también su desconsuelo. Si no sabes de leyes, de derechos, obligaciones, gestión, demografía y economía, si lo único que has aprendido es "a militar sindicalmente", ¿cómo vas a poder hacer una buena gestión de las pensiones? La riqueza hay que crearla, porque no es como la energía que ni se crea ni se destruye. La riqueza se crea y se destruye. Y si no creas riqueza, no hay pensiones, por muy bonito que quede decir que los ciudadanos tienen derecho a una pensión digna. Os animo a pasar por su blog; la verdad es que lo leo y no me lo creo. Vamos, ni pellizcándome lo siento real. Y bien que lo es. La señora Díaz Chamosa en algún comentario de su blog justifica su presencia en el parlamento como un ejemplo de que hoy, por fin, todos somos iguales. Yo quisiera poder explicarle que no, que no todos somos iguales, que sí es cierto que todos tenemos las mismas posibilidades de ejercer nuestra labor en política, igualdad de oportunidades, y que existe y debe existir esa igualdad, pero que eso no nos convierte en iguales. Esa sería una enorme injusticia. Y lo afirmo rotundamente precisamente porque soy consciente de mis diferencias, y sé muy bien para qué cosas estoy capacitada y para qué otras no se me ocurriría jamás asomar la cabeza. Para ello estarían otras personas mucho más preparadas teórica y prácticamente que yo, a las que soy capaz de reconocer. Y esa diferencia no es un problema, nunca, ni mucho menos, sino todo lo contrario. La diferencia es siempre una complemento. Y es la base de la sociedad; cada cual cumple con su cometido. Y lo hace personalmente. Nunca la condición de igualdad de oportunidades nos convierte en iguales. No somos iguales, no señor.

Esta entrada, toda su sorna y desconsuelo, que lo hay, y mucho, (tanto como rabia) surgió porque me vi muy interesada en una nueva licenciatura que a todos estos individuos les podría dar perspectiva y sobretodo credibilidad. El ser humano se identifica siempre como ese animal en constante aprendizaje, ese ser vivo consciente de su circunstancia, cuya necesidad de aprender lo identifica y lo determina.

Quisiera poder decirlo muy claro, alto y claro; señores políticos, los actuales y los posibles, échenle un ojo a esa nueva licenciatura. No dejen de beneficiarse de la posibilidad de estudio. La ciudadanía sin duda, se sentirá más protegida si ve en ustedes cierto interés y la pasión por el conocimiento que nos diferencia del resto de animales; esa capacidad para aprender que poseemos y la conciencia de saber quiénes somos, qué hacemos y si eso que hacemos lo estamos haciendo bien. Yo, no dejo de verlo como una oportunidad valiosa para su gestión, y sobretodo, para su credibilidad. Sean políticos creíbles y con autoridad. Verán que así las cosas salen mejor.




** Reproduzco el comunicado emitido por el socialista Ángel Gimeno Marín, proclamado candidato por la FSM para competir con Tomás Gómez y Trinidad Jiménez por la candidatura a las autonómicas madrileñas, pero que no logró los avales necesarios, el cual ha decidido abandonar el PSOE después de más de 30 años de militancia. Gimeno era miembro del Comité Regional del PSOE por la Agrupación Fuencarral (Madrid), profesor, ingeniero, economista, empresario, miembro de Greenpeace y ex consejero de Economía y Hacienda de la Diputación General de Aragón.


Fue un deseo utópico intentar cambiar el Partido Socialista de Madrid de los Zerolo, Segovia, Tomás Gómez, Barranco, Trinidad Rollán, Lissavetsky, etc., al igual que el PSOE de Zapatero, Alonso, Pajín, Valenciano, Aído y tantos otros, pero mereció la pena. Hoy lo tengo muy claro. Hay que ayudar a cualquiera que pueda sacar a Zapatero de la Moncloa, llámense PP, UPyD o IU. Hoy me voy con la conciencia tranquila, tras haber intentado aportar catarsis a un Partido en el que la mediocridad se ha instalado tanto en su cúpula como en toda la organización y en el que nadie denuncia que Zapatero se ha cargado el trabajo de los españoles a lo largo de cuarenta años.


El Sistema Político Español no puede sostenerse al haber entrado en quiebra todas y cada una de sus instituciones. Nos hemos cargado el modelo productivo y el Estado de las Autonomías, la educación tiene perfiles tercermundistas, el Estado del Bienestar corre serio peligro y la partitocracia se ha convertido en el peor enemigo de los españoles. El pésimo nivel de nuestros políticos con corrupción por todas partes, sumado al absentismo de la sociedad civil y la pérdida de lo todo tipo de valores pintan un horizonte negro como en ningún país europeo. Hay que empezar un nuevo ciclo de nuestra vida política y económica antes de que sea demasiado tarde. Habría que someter a Zapatero a un proceso de impeachment, con mayores motivos que los aducidos en EEUU contra Nixon.


Si Zapatero está enfermo, o presenta graves síntomas de estar enfermo, no puede continuar al frente del Gobierno, porque ha debilitado la unidad nacional, hace el ridículo con su política exterior y cada vez que habla es mayor el desprestigio de España. No podemos permitir que un sentimiento de impotencia ante una pésima forma de gobernar hipoteque nuestro futuro y el de nuestros hijos. Hay que cambiar todo de nuevo, especialmente nuestra forma de participar en la vida política. Hace falta crear la masa crítica política suficiente para reformar y regenerar nuestras instituciones cambiando nuestra forma de vivir, de trabajar y defender nuestros legítimos intereses. Hace falta salir a todas las calles en manifestaciones pacíficas a lo Gandhi, con un fin claro: acabar con métodos democráticos con el Sistema Político que nos dimos en la Transición y empezar de nuevo a Regenerar España. El PSOE debe entrar en el cementerio de los Partidos Políticos cuanto antes. Todas las ideas que un día pudo tener el PSOE han muerto tras el terremoto de la mundialización. Como lo único que entienden sus cargos, es vivir de la política sin querer ver la destrucción de España como nación y el inicio de otro largo periodo de decadencia, hay que reducir su presencia en la vida política aprovechando todos los procesos electorales.


El proceso de elección de los peores a los más altos cargos del Partido y el Gobierno, dirigen inevitablemente al PSOE con Zapatero al frente, al cementerio de los Partidos Políticos saturado de tumbas donde duermen el sueño eterno organizaciones políticas que en los dos últimos siglos ilusionaron a pueblos enteros y hoy no los recuerda nadie. ¿Qué queda del comunismo, del anarquismo, de los partidos radicales? ¿Qué quedará del PSOE tras la dirección de Zapatero? Nada de nada. Ni tan siquiera el recuerdo. Falsedades, engaños y políticas obsoletas. Por sus engaños y falsedades, por la renuncia a defender los intereses de sus votantes, por su travestismo, por desconocer y no intentar comprender la realidad, el socialismo español camina a su desaparición en el momento en el que el capitalismo ofrece su peor cara.


En la peor crisis económica de los últimos cien años, en vez de afrontarla y combatirla con planteamientos críticos, se ha dedicado a desarrollar un programa económico impuesto por los mercados financieros, que ha complementado con un programa social y de cambio de nuestras costumbres calcado del Libro Blanco del Gran Oriente Francés.


Esta desconexión con la realidad, unida a una navegación sin brújula, sin nadie preparado al frente del Partido y el Gobierno, conduce al PSOE sin remisión al cementerio de los partidos políticos que terminaron sin ideario, sin doctrina, sin orientación política alguna, pero sobre todo sin ninguna identidad. Lo peor es que se está incubando un volcán de ira y violencia en la sociedad española al igual que sucedió hace noventa años.


No podemos permitirlo. La socialdemocracia europea y el PSOE están condenados a desaparecer. En 2002 había en Europa quince gobiernos socialdemócratas. Tras las próximas elecciones generales en Portugal, Grecia y España, no quedará ninguno. Han sido incapaces de responder a la crisis económica y lo que es peor, se han hundido en el descrédito popular al aplicar los programas de austeridad decididos por los mercados financieros y la Unión Europea. La conversión de Zapatero al socialiberalismo, impulsando las privatizaciones, reduciendo los presupuestos a costa del bienestar de los ciudadanos, destinando recursos a la salvación de Bancos quebrados, reduciendo salarios a los funcionarios, congelando las pensiones, preparando el aumento de la edad de jubilación y sobre todo aumentando las desigualdades y la precariedad de los ciudadanos, conducen al PSOE y a España a un callejón sin salida.


No es de recibo que el PSOE no sepa dirigirse a millones de ciudadanos en paro víctimas de la mundialización. Es incomprensible que no busque soluciones a las multitudes de obreros desechados por las brutalidades del mundo postindustrial, que no se preocupe por los excluidos, milieuristas y jubilados en plena edad activa. Es inadmisible que no hable tan siquiera de ese 43% de jóvenes menores de 25 años que no encuentran trabajo, ni de las ayer clases medias, hoy amenazadas por la miseria. La socialdemocracia es culpable de que sus electores le den la espalda. Hasta mediados de los 80 cada vez que el capitalismo avanzaba, los socialistas apoyados por partidos de izquierda y sindicatos, daban respuestas originales mejorando la enseñanza, la sanidad, derecho a un empleo, Seguridad social, Estado social, Estado de bienestar...


Hoy día ya no queda lo más mínimo de aquella imaginación. La utopía social ha desaparecido de sus pensamientos. En la mente de los dirigentes socialistas, al igual que en la de sus electores, el consumismo impera, así como el deseo de enriquecerse lo antes posible. No sólo no van a contracorriente sino que incluso lo defienden mediante la publicidad y los medios de comunicación manipulándolos a su antojo. Si hay algo que preocupa a los dirigentes socialistas, es como conservar su puesto y vivir a costa del Partido o los Presupuestos.


Ha sido tal su dejadez que han permitido que hoy esté en peligro el Estado del Bienestar y que la sociedad empiece a sentir pánico cuando piensa en su futuro. Para los europeos en general y para los españoles en particular la socialdemocracia está al final de su ciclo político. No han entendido nada de lo que estaba pasando, mal podían aportar soluciones a los graves problemas de los ciudadanos. España tiene problemas superiores a muchos países europeos, que no puede esperar le resuelvan desde fuera. España necesita un proceso de regeneración total, una nueva Constitución, un nuevo modelo productivo y un nuevo Estado del Bienestar.


El proceso a poner en marcha es más importante si cabe que el que acometió en 1978, tras dotarnos de una nueva democracia. La mediocridad de los dirigentes actuales del PSOE, con honrosas excepciones, les inhabilita para dirigir este proceso de transformaciones globales que hoy necesita España. Continuar en el PSOE actual, es lastrar cualquier posibilidad de colaborar en la transformación de España. Por eso me marcho sin acritud, pero con la conciencia tranquila, dejando a muchos amigos que desgraciadamente me comprenden, pero no están por librar esta dura y próxima batalla. Lo siento por ellos.


Saludos Socialistas
Ángel Gimeno Marín
Miembro del Comité Regional del Partido Socialista de Madrid,  PSM-PSOE
Profesor, Economista, Matemático, Ingeniero Industrial, Empresario
Máster y PADE en Economía y Alta Dirección
Ex Consejero de Economía y Hacienda de la Diputación General de Aragón

¿IGUALES ANTE LA LEY?

La jubilación de oro de los políticos: pensión máxima con siete años cotizados. La clase política es ajena a la reforma de las pensiones públicas que acaba de proponer el Gobierno. Mientras el PSOE quiere retrasar la edad de jubilación a los 67 y rebajar las pensiones, sus señorías disfrutan del privilegio de poder retirarse con la pensión máxima cotizando tan sólo siete años. Libertad Digital Economía.


Nos están meando en la cara y dicen que llueve. No me lo puedo creer, y sin embargo es tan verdad como que ahora mismo estoy aquí sentada, cabreada, poniéndole palabras a toda mi ira. Aunque si lo pienso bien, no sé para qué, y mucho menos para quién, pues llevo cuatro días aquí. Encima, tres de ellos de mal humor; es lo que tienen las noticias, que te vapulean.

Estoy que me subo por las paredes. Ya lo dije antes, ¿verdad?... Así es el cabreo, incisivamente reiterativo. Lo cierto es que todo el espacio se le queda corto a mi enorme cabreo. Estupefacción. He leído toda la noticia y aletargada me he quedado oye; estoy sin sentirme en mi. Tanto, que hasta parezco otra. Porque estoy cansada. Harta y muy cansada; de mi esfuerzo diario, de mi ir y venir del trabajo a casa, y porque últimamente, quizá por eso de que vivo demasiado agotada,  veo que llegar a los 65 no es moco de pavo. Que me queda lo suyo, vamos. Y que me va a costar llegar. _Dios mediante_ me digo siempre, _ que Dios lo quiera_. Que a este ritmo a saber. LLegar a los 67 me va a suponer mucho esfuerzo con este frenesí, estas carreras y el sinsentido de mi vida como ciudadana (pintamos muy poco, pero que muy poco, ahora eso sí, lo pagamos todo). Se necesita mucha resistencia y buenas tragaderas para aguantar 67 años oyendo cosas así sin morir un poco día a día. Nada _ me digo_ tú a los 67 no llegas. Ni te preocupes por las pensiones_ Porque mira que tragamos.

Y la verdad es que yo me siento igual que ellos, los políticos, me siento con los mismos derechos. Muy a pesar de que ellos no se sientan con mis mismas obligaciones. Que ya lo dice la ley; principio de igualdad para todos los ciudadanos. ¿Y eso qué es exactamente? Pues significa ni más ni menos que las leyes se van a aplicar de la misma manera a todos los ciudadanos, ese es el principio. Y no, resutlta que no, que va a ser que si somos iguales, unos son más iguales que otros. Por ejemplo, Rajoy es igual a Zapatero, y yo soy igual... soy igual... a ti. (¿Me lee alguien?) O bueno, igual a ese alguien que un día me leerá (ahora tú). Tú y yo estaremos trabajando como mínimo treinta y cinco años para poder llegar a ser jubilados y poder disfrutar de un merecido jubileo, pero ellos no, ellos sólo siete. Tú y yo cobraremos... vete a saber qué cobraremos, si es que aún han dejado algo. Ellos, cobrarán la pensión máxima, en cuatro días. Sí, debe ser que todos somos iguales, y la mayoría, la mayoría además idiotas (los idiotas somos tú y yo, pues sin privilegio alguno, costeamos todos los privilegio de los demás). Sí, somos idiotas, nos lo están diciendo toditos los días.  Igualar treinta y cinco años de trabajo a siete, es cuanto menos impresentable. No lo puedo evitar, me hierve la sangre. Porque puedo asegurar, y lo aseguro, que su trabajo no es ni mucho menos más arriesgado que el mío, ni más complicado, ni de mayor complejidad y por supuesto menos digno o necesario. Si midiésemos la calidad personal y profesional, a más de uno le saldrían los colores. Bueno, que digo, nada, ni colores. Esta clase política ni tiene vergüenza ni tiene honestidad. Así que mucho menos colores. Vaya panda de caraduras. A cada cual, más. Viven sentados en la silla del privilegio. Privilegio que se paga con lo que a al ciudadano de a pie le descuentan, porque ya se sabe, todos somos Hacienda.  Sí. Usted y yo, amigo mío, somos los Hacienda. Y estamos llamados a contribuir, llamados y obligados. Y no puedo evitar pensar que quien se sienta en la silla del privilegio sintiéndose superior y con derecho a que se la costeen los inferiores, es cuanto menos un geta. Decir que la clase política se preocupa por la buena gestión del bien común, es hoy una auténtica mentira. Su labor es una auténtica deslealtad hacia quienes precisamente confiamos en ellos para la gestión de la polis. Además de muy lamentable.

Ellos, además, tiene exención fiscal. Alguien (tú que me lees) y yo, contrariamente no. Tú y yo tenemos el gran privilegio de ser Hacienda. Sí, enorme privilegio es ese de ser Hacienda. Y yo en esto, en esto, hoy quisiera también ser como ellos; ser una ciudadana con exención fiscal y también con derecho a jubilación máxima en siete años (lo de las pensiones es gordo en el momento actual). No le iba a venir poco bien a mi economía esa exención, y no digo ya a mi interminable hipoteca (por cierto, sobre mi única y primera vivienda, que hay que fastidiarse con la burbuja inmobiliaria y como infló los precios). Yo quiero ser un igual, pero un igual a ellos. Vamos, no es que quiera... ¡lo necesito!


Nunca he despotricado contra el pago de impuestos, siempre he sentido mi colaboración con el fisco como algo esencial y básico (ya saben, Hacienda somos todos. Te lo recuerda todos los años el Gobierno de España) pues en mi obligación, se sustenta la posibilidad del gasto social . Me he sentido parte activa para sostener el gasto social tan traído y llevado últimamente, y hoy voy y me entero de que en esto tampoco todos somos iguales ante la ley. Que ellos, los que nos dicen cada año que Hacienda somos todos, ellos justamente no lo son con la misma intensidad. Yo tengo la obligación de serlo con el 100% de mi sueldo, y ellos, ellos con la risa (se ríen de nosotros, no lo dudéis a estas alturas). Ellos que se desvelan por la cosa pública, no tienen el minimo respeto hacie ella. Ni muchos menos las mismas obligaciones. Se me sube la bilirrubina, el colesterol y la tensión la tengo alteradilla. No hablo ya de cómo tengo la boca; negra. Lo confieso, me salen palabras soeces... muy soeces, pero no es cuestión.

Una cosa es segura; nos mean (perdón), lo hacen todos los días,  aunque nos quieran hacer ver una y otra vez que simplemente llueve.